viernes, 13 de mayo de 2016

La lutte fatale entre l'artificiel et le naturel

Ses pas, lourds et sûrs, s'approchaient vers moi. Peu à peu, ils gagnaient de la vitesse.
Je pouvais le sentir proche, très proche. Quand j'ai levé ma tête, je l'ai vu.
Il avait les yeux noirs comme le charbon, ses cheveux étaient bruns et sans luminosité. Sa peau pâle et grise réfletait de la haine et de la tristesse.
Je pouvais sentir son coeur battre très doucement, comme s'il ne marchait plus. Je pouvais le voir à travers sa poitrine, il avait la couleur de la solitude.
C'était un être enorme. Il avait des bras et jambes fortes. Il portait des vetêments faits pour son propre enterrement.
Dans une main il avait une cigarette et il expulsait des bouffées de fumée par sa bouche et son nez.
Dans l'autre main il avait un pistolet.
Avec un geste authomatique, sans penser, il leva l'arme contre moi. En même temps, son visage montra un sourire froid, terrifiant, sans vie.
Moi, ce jour-là, j'étais habillé de printemps. Je l'avait attendu chez moi, assis, tranquille, en connaissant mon destin. Je ne luttais pas contre l'inévitable car, je savais que seulement lui pouvait me sauver.
Mes yeux bleus brillaient et mes pupiles étaient comme deux soleils au milieu de l'horizon.
Je portais des vetêments couleurés. Ils étaient de la couleur des papillons, de la couleur de fleurs, de la couleur de la liberté.
Mon coeur battait comme s'il était amoureux, même s'il savait que le dernier battement était proche.
Je l'ai regardé dans les yeux. On était face à face. Le jour et la nuit. La glace et le feu. La polis et la nature. L'assassin et moi, sa victime sans défense.
Il a dirigé l'arme vers ma poitrine et dans une seconde filante, il a appuyé sur la gachette.
Je suis tombé par terre, à genoux, mais avant de mon dernier soupire, j'ai pu voir comme lui, mon gris criminel en pierre et fer, tombait par terre et restait inerte près de moi.
Après avoir aperçu cette image, j'ai pu laisser partir l'air qui restait dans mes poumons et je suis rentré pour toujours dans le sommeil éternel avec l'âme seraine, comme tous ceux qui ont su vivre.

lunes, 9 de mayo de 2016

Llamaradas de tristeza

El fuego se levantó,
Llegando a cada rincón,
Prendiendo todo a su alrededor.
Mi corazón se incendiaba con sus llamas,
Ardía de dolor.
Pero no pudo llegar a los corazones
Helados y con espinas,
Corazones que se quebraban lentamente.
Mi interior suspiraba de angustia
Al tacto del calor.         
Un piano triste sonaba al fondo de la sala.
Él también ardía.
Desprendía olor a flores y lloraba.
Su perfume entró dentro de mí
Y apaciguó mi corazón quemado.
Su perfume entró dentro de ellos
Y descongeló sus corazones helados,
Cerró sus grietas.
Su música levantaba una ráfaga de viento
Que consiguió apagar el fuego.
El viento revolvió todas las cenizas,
Y éstas, quedaron enterradas
Para siempre

Dentro de mí. 

viernes, 29 de abril de 2016

La fatal lucha entre lo artificial y lo natural

Sus pasos firmes y pesados se aproximaban hacía mí, y poco a poco iban ganando velocidad. Podía sentirlo cerca, muy cerca. Al levantar la cabeza, lo vi.
Tenía los ojos negros como el carbón, su pelo era oscuro y sin brillo y su tez pálida y grisácea reflejaba odio y tristeza. Desde donde estaba, podía sentir su corazón palpitar muy lentamente, como si ya no funcionase. Podía verlo a través de su pecho, tenía el color de la soledad.
Era un ser enorme. Tenía brazos y piernas enérgicas y fuertes. Vestía unas ropas que parecían estar hechas para su propio entierro.
En la mano sujetaba un cigarrillo y expulsaba oleadas de humo por la boca y la nariz.
En la otra mano sujetaba una pistola. En un gesto automático, sin ni siquiera pensarlo, alzó el arma contra mí. Al mismo tiempo, en su rostro se dibujó una sonrisa fría, escalofriante, sin vida.
Yo ese día iba vestido de primavera y lo había estado esperando en casa, sentado, tranquilo, sabiendo cual era mi destino. No luché contra lo inevitable, sabía que él era el único que podía salvarme de mi fatal muerte.
Mis ojos azules brillaban, y mis pupilas eran como dos soles en medio del horizonte.
Mis cabellos marrones lucían más elegantes que nunca.
Llevaba ropas coloridas. Color de las mariposas, color de las flores, color de la libertad.
Mi corazón latía como enamorado, a pesar de saber que su latido final estaba próximo.
Le miré a los ojos. Allí estábamos los dos, frente a frente. La noche y el día, el hielo y el fuego, la polis y la natura, el asesino y yo, su indefensa víctima.
Dirigió la pistola hacia mi pecho y en un segundo fugaz apretó el gatillo. Caí al suelo de rodillas pero, antes de expirar, pude ver como él, mi gris criminal de piedra y acero, caía de bruces al suelo y quedaba inerte junto a mí.
Tras ver aquella imagen, pude expulsar tranquilamente el poco aire que quedaba en mis pulmones y entrar para siempre en el sueño eterno y sereno de aquellos que supieron amar.
carteles lrc1894 notese que pistola una ciudad que apunta tierra desmotivaciones


martes, 2 de febrero de 2016

Sa dernière dame

Il l'attend assis sur le canapé. Ses yeux commencent à briller quand il se rappelle toute sa vie.
Devant lui, une figure noire apparaît. L'homme peut sentir le froid qui s'approche doucement et qui vole ses dernières minutes de vie.
L'agilité de sa jeuneusse est partie et maintenant les ans pesent sur lui comme de lourdes pierres. Le temps fuit entre ses mains qui essayent de le retenir.
La dame en noir marche lentement.
Le silence est si dense entre eux, qu'il peut écouter son coeur, lequel bat tranquillement. Il n'a pas peur. Il ne regrette rien parce que sa vie a été parfaite même avec ses erreurs.
Il cherche les yeux de la mystérieuse femme dans l'obscurité. Elle est très proche. Elle montre un froid sourire qui gèle tout autour d'elle.
Elle enleve ses gants et lui offre sa main.
Aujourd'hui, avec sa dernière dame, il est plus tranquile qu'avec la première, et il se voit capable d'aimer pour une dernière fois.
Il prend sa main, froide comme ses yeux, froide comme son sourire, froide comme elle.
Il s'approche d'elle, il s'approche de ses lèvres.
Il peut sentir la douceur de sa bouche, la douceur de la mort qui commence à être une partie de son corps.
Après le baiser, son dernier soupir. Après le soupir, l'arrêt final de son coeur.

Él la espera, sentado sobre el sofá. Sus ojos comienzan a brillar al recordar toda su vida.
Delante de él, una negra figura aparece. El hombre puede sentir cómo el frío va ocupando todo lentamente y robando sus últimos minutos de vida.
La agilidad de la juventud se ha ido y ahora, los años pesan sobre él como pesadas piedras. El tiempo huye entre sus manos que intentan atraparlo.
La dama de negro camina pausadamente.
El silencio es tan denso entre ambos, que puede escuchar su corazón batir con tranquilidad. No tiene miedo. No se arrepiente de nada porque su vida ha sido perfecta incluso con sus errores.
Busca los ojos de la misteriosa mujer entre la oscuridad. Ella está muy cerca. Muestra una gélida sonrisa que hiela todo a su alrededor.
Ella se quita los guantes y le ofrece su mano.
Hoy, con su última mujer se siente más tranquilo que con la primera. Se ve capaz de amar por última vez.
Él toma su mano, fría como sus ojos, fría como su sonrisa, fría como ella.
Se acerca a ella. Se acerca a sus labios.
Puede sentir la dulzura de su boca, la dulzura de la muerte que comienza a ser parte de su cuerpo.
Después del beso, su último suspiro. Después del suspiro, la parada final de su corazón.

martes, 25 de agosto de 2015

La nostalgia

"Es rara ¿no? La nostalgia. Porque tener nostalgia en sí no es malo, eso es que te han pasado cosas buenas y las echas de menos."
Película "Princesas"

viernes, 7 de agosto de 2015

La Vie

No sólo admitiré que amo La Vie en Rose,
sino también en azul melancolía y en verde,
de la forma más negra y de la más colorida.
La amo gris y lluviosa,
pero también soleada y anaranjada...
La amo con sus contrastes,
con sus cosas malas y sus cosas bellas.
Son tan necesarios los llantos, como lo son las risas.
Por ello, no hay que arrepentirse de nada,
Non... Je ne regrette rien... Rien de rien.
Y por ello también, al Hymne a l'amour
debe unirse el himno a la soledad...
Debe haber un canto al dolor, y otro al placer.
Uno a la alegría, y otro a la tristeza...
A los sueños, pero también a las pesadillas.
A la muerte, pero sobre todo a la vida.
La vida es una canción agridulce.
Sería muy triste lamentarse y sólo verla agria,
sería muy triste no atreverse a bailarla.

viernes, 24 de julio de 2015

Ya no es tiempo de soñadores

Los muertos ya no viven en el cementerio, han ocupado las calles y visten traje y corbata. Caminan encorvados y con prisa. Saludan levantando las cejas, una falsa sonrisa, o hacen un gesto con la cabeza. No tienen tiempo para las palabras, ni para errar entre el hola y el adiós.
Tras duras horas de trabajo en su cubículo, llegan agotados a sus casas, esperando la cena sobre la mesa. Ya no les quedan aspiraciones. Lo único que desean es que esta vez el pollo no esté salado y que quede cerveza en la nevera. Ya no es tiempo de soñadores. Hoy no.
Sus cabezas están peinadas sólo por fuera. Sus casas tienen grandiosas fachadas, pero por dentro están vacías. Vacías y frías. Ellos están igual.
Un día, un chico se topó con uno de estos transeúntes. Tras el gruñido que le soltó, el joven quiso darle una lección a aquel muerto viviente, pero no podía atacarle al cerebro porque no tenía. Él sabía bien que la mejor arma eran las palabras, pero éstas ni siquiera atravesaban su cráneo.
Tras varios intentos, el chico desistió y supo enseguida que la invasión sería inminente. Los muertos tomarían la ciudad.